Sonríe y el mundo sonreirá a tu alrededor

Está ya perfectamente demostrado que el contagio del estado de ánimo es un fenómeno neurológico real. Además, se sabe que no todas las emociones se propagan con la misma rapidez.

Afortunadamente, entre los grupos de trabajo, la alegría y el trato afable se propagan con mayor facilidad que la tristeza y la irritabilidad. Los comportamientos notoriamente negativos como la depresión son los más costosos de transmitir al grupo.

No debería ser ninguna sorpresa que la risa sea la más contagiosa de todas las emociones. Al sentir la risa de otra persona, nos resulta casi imposible no reír o sonreír también. Eso se debe a que tenemos circuitos de bucle abierto de nuestro cerebro que están diseñados para detectar específicamente sonrisas y risas, y programados para responder empáticamente.

Este “hardware” de nuestro cerebro funciona así desde hace muchos miles de años porque las sonrisas y risas entre individuos conforman la base para la convivencia y el trabajo en grupo, lo cual constituye un fundamento para la supervivencia del individuo, del grupo y de la especie.
La implicación principal aquí para los líderes actuales en las organizaciones es que hemos de comprender la importancia que tiene la gestión de nuestro estado de ánimo. Si tenemos buen humor, provocamos que los demás también tengan buen humor y aceleramos la propagación de un clima optimista, con confianza, capaz de superar retos y de alcanzar mejores resultados; lo cual constituye el objetivo prioritario de todos los líderes.

Los estados de ánimo que se inician en los niveles directivos tienden a moverse más rápido por toda la plantilla porque todo el mundo mira al jefe con más frecuencia que al resto de compañeros o subordinados. La plantilla está rastreando las señales emocionales del jefe constantemente: cómo habla, su mirada, sus silencios, su forma de andar, sus actitudes, etc.

Con lo dicho hasta aquí parece muy fácil y deseable que el líder tenga un humor positivo, pero hay que tener en cuenta que las sonrisas y la risa, sólo son contagiosas cuando son genuinas. Además, la realidad es un poco más complicada. Aunque es completamente cierto que el estado de ánimo de un líder tiene el mayor impacto en el rendimiento del grupo cuando es optimista, también ha de estar en sintonía con el humor de los que le rodean. A esto le llamamos resonancia dinámica.

Los buenos humores facilitan un buen rendimiento, pero no tiene sentido que un líder esté con un excelente humor si las ventas van mal o el equipo está sobrepasando los costes presupuestados de un proyecto.

Los ejecutivos más eficaces muestran estados de ánimo y comportamientos que responden a la situación actual, mezclado con una buena dosis de optimismo. Respetan cómo otras personas se están sintiendo, incluso si están tristes o apesadumbrados, pero también modelan el escenario de las cosas futuras por hacer con esperanza y humor.

Este tipo de comportamiento, lo que llamamos la resonancia, está basado en las capacidades de inteligencia emocional que tiene cada persona. La resonancia es la inteligencia emocional en acción. En otro artículo trataré de los cuatro componentes que intervienen en la inteligencia emocional en acción. Hasta pronto.

“Evita, por encima de cualquier circunstancia, la tristeza; que tu alegría no sea fruto de las circunstancias, sino fruto de ti mismo”


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