La Esencia del Liderazgo y la Metáfora del Jardín

A lo largo de la Historia, personajes tan distintos como Jesucristo, Martin Luther King, Gandhi, Teresa de Calcuta, Steve Jobs o Michael Jordan (por sólo nombrar unos pocos) han sido considerados grandes líderes para nuestra sociedad.

A primera vista sus personalidades pueden parecer totalmente opuestas. Sin embargo, todos ellos reúnen todas y cada una de las cualidades que un verdadero líder debe poseer.

Podemos definir el liderazgo como el arte de influir sobre las personas que, movidas estas por el entusiasmo, trabajen o se comporten más eficientemente, y todo ello en beneficio de un mismo objetivo común.
 
Una manera muy clara de ilustrar la cualidad de un líder es mediante
 La Metáfora del Jardinero y de su Jardín

 El líder es ese jardinero que pone todo su empeño para que el jardín pueda crecer y desarrollarse de la mejor manera posible.

Por un lado, debe darle una total dedicación a su tierra, muchas veces sacrificando su propio bienestar por el bien del entorno. Tiene que darle todos sus cuidados y tratarlo adecuadamente. Debería sembrar con mimo sus semillas, abonar la tierra con nutrientes y prepararla para que la vida pueda darse en ese entorno. Tiene que regar , estar pendiente de su humedad y retirar las malas hierbas y brotes silvestres que puedan surgir, evitando así todo factor externo que pueda afectar al desarrollo de sus plantas, y que pueda robarles agua, sales minerales u oxigeno. Tiene que comprometerse con la tarea de cuidar de su “creación”, viviendo por y para ella, dedicarle su cariño y su tiempo para que el resultado sea el que realmente desea.

Todo jardinero debe ser paciente. El hecho de sembrar y de provocar los condicionantes apropiados en la tierra para que jardín pueda florecer como merece, no significa que sus plantas vayan a crecer cuando él lo desee, sino que crecerán sólo y únicamente en su debido momento. Y eso es algo que nunca estará en manos del jardinero. De él solo depende el poner los medios necesarios para que pueda generarse esa vida y pueda crecer el jardín en mejores condiciones a las que habría crecido si él no estuviera ejerciendo su tarea.

Igual que ese jardinero implicado en el desarrollo y crecimiento de sus tierras, un líder se esforzará por satisfacer las necesidades de su entorno, su equipo, su familia o su comunidad antes de las suyas propias. Dicho en otras palabras, debe comportarse como su fiel sirviente.

Este término choca fuertemente con el clásico paradigma que situaba al presidente, al entrenador o al padre de familia como un líder de la manada situado en lo alto de la Pirámide Organizacional que domina y controla los escalones inferiores, donde se van ubicando subordinados, clientes, etc, en la base de la misma, sin prácticamente autoridad ni relevancia alguna.

La estructura es así cuando las tareas se desempeñan bajo un organigrama controlado desde el poder. Un poder que dirige mediante la utilización de la fuerza y coaccionando a su comunidad, aprovechando su posición en superioridad.

Un ambiente de trabajo que se sustenta sobre una figura de poder es como ese jardinero que no se preocupa de regar sus plantas ni de retirar las malas hierbas. Que se sienta frente a su jardín y grita a sus plantas para que crezcan rápidamente y en cuanto asoman a la superficie, se dedica a estirar de ellas para que aceleren aún más su crecimiento…

Cuando una persona tiene que ejercer el poder significa que su autoridad y su liderazgo no funcionan. Y sin embargo, eso no es culpa de ningún equipo, sino de las condiciones que se han creado en ese entorno para la consecución de dichas tareas.

La mejor manera de cuidar nuestro jardín ( o nuestra empresa, familia, comunidad, etc) como líderes es crear las condiciones necesarias para que las personas que dirigimos, que nos rodean y tratan con nosotros hagan las cosas que nosotros deseamos por su propia voluntad, sintiéndose útiles, realizados, y siendo parte activa de los objetivos que puedan llegar a obtenerse.

Cualquier líder se caracteriza por varios rasgos que son comunes a todo líder. En primer lugar debe estar dispuesto a servir a su comunidad, a su empresa, a su familia o a su entorno proveyendo los medios y condicionantes para que puedan satisfacerse las necesidades del conjunto y alcanzar los objetivos comunes. Hablamos de necesidades y no de deseos, porque es la satisfacción de sus necesidades lo que provocará su crecimiento. Un deseo no es más que una apetencia en la que no se tiene en consideración los requisitos físicos o psicológicos para el bienestar. El siguiente ejemplo ilustra esta diferencia perfectamente:

“Soñaba con una preciosa casita en la playa, pero lo que realmente necesitaba era un hogar”

 Un líder se caracteriza por su humildad. Siente un respeto por todo aquel individuo que pertenece a su equipo. Porque es gracias a cada uno de sus miembros el mejor modo de alcanzar su objetivo.

Debe ser paciente. Y no deberá perder su paciencia en ningún momento. Si se trata de un líder de verdad, todos y cada uno de los miembros de su equipo serán personas que han elegido libremente estar a su lado y eso debe ser tenido en cuenta y agradecido. Así que en vez de exigir y mandar, tiene que saber enseñar a sus discípulos, corregir y entrenar adecuadamente para ayudar a su crecimiento y mejora continuos. Pero de ninguna manera deberá castigar los errores. De este modo, castigando y reprochando, no estará sino dejando crecer las malas hierbas de su jardín, disfrazadas de rencor, odio y desmotivación.

Debe comprometerse con su tarea y su desempeño como líder y guía para que el grupo en su totalidad pueda crecer. Una de las metas de todo individuo es el desarrollo personal. La Pirámide de Maslow de las Necesidades Humanas nos dice que después de la satisfacción de las necesidades fisiológicas (respiración, alimento, descanso, funciones vitales en definitiva) y las necesidades de protección y seguridad (refugio, salud, empleo, recursos económicos,…) todo ser humano tenemos la necesidad de reconocimiento y desarrollo personal. Y el líder debe ser capaz de direccionar a cada miembro de su equipo hacia ese camino para alcanzar el desarrollo de su persona al mismo tiempo que se produce una considerable mejora en el desarrollo de toda la actividad común que une a ambos.

La clave de un buen liderazgo está en potenciar las tareas del colectivo al mismo tiempo que se enriquecen las relaciones humanas. Los grandes líderes siempre se han caracterizado por poseer el arte de poder construir relaciones humanas que funcionan a través del tiempo. En gran medida, la creación de ese entorno agradable y favorable para las relaciones humanas desencadena un mayor crecimiento de su comunidad, con mayor productividad y tareas más eficientes.

Es como ese jardín que ha sido abonado, tratado y mimado con todo el cariño posible para que pueda crecer libremente, sin obstáculos y con toda una variedad de flores y plantas que brotan motivadas por una agradable melodía que les anima a florecer y crear vida.


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