LA FLEXIBILIDAD MENTAL

La flexibilidad mental (pensamiento adaptativo) es uno de tantos conceptos que han saltado de la esfera científica de la neurociencia y la psicología a la esfera de lo social.

Ser flexible a nivel mental es una posibilidad que tiene el ser humano que le ha sido muy beneficiosa a lo largo de la historia. En un entorno económico-social donde el cambio es una variable muy presente, como lo es en la actualidad, la flexibilidad mental requiere ser fomentada de manera consciente para propiciar una óptima adaptación a las circunstancias.

Uno de los factores que ayudan a propiciar la flexibilidad mental es la de desterrar miedos provocados por los pensamientos. Éstos provocan un torrente bioquímico que determina nuestra vivencia emocional y nuestro estado de ánimo de tal manera
que nos hace percibir la realidad bajo una determinada perspectiva.

La manera de desterrarlos es tomando consciencia de su existencia, tomando consciencia de qué nos decimos y qué sentimos ante una situación dada. Este es el primer paso para poder ofrecer una alternativa que nos sea más beneficiosa. Si, por ejemplo, logramos tomar consciencia de los pensamientos desalentadores y  la vivencia emocional negativa que tenemos de nuestro futuro inmediato, entonces tendremos la posibilidad de serenarnos y propiciar que nuestra mente pueda analizar la situación de tal manera que pueda encontrar alternativas que de otra manera le resulta imposible.

Los estados de ánimo positivos aumentan la capacidad de pensar de manera flexible  y creativa. Ayudan a la concentración y amplían el horizonte de expectativas en el sentido que el análisis que se hace de la situación, las relaciones que se pueden llegar a establecer abren el campo de posibilidades para la acción. Y es que además propician que la memoria colabore recordando situaciones que proporcionen soluciones en la misma línea positiva.

Las circunstancias que nos tocan vivir no las podemos cambiar. Podemos decidir cómo vivirlas y qué hacer ante éstas.

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