Cambia tu manera de Pensar

"Si quieres y crees en algo, puedes hacer que suceda". Frases como esta abundan en Internet, libros, revistas, programas de televisión y radio, etc.; y sin embargo, pocos realmente llegan a entender lo que significan. Esto se debe a que frases como estas nos parecen tan simples, tan obvias, tan trilladas; que las descartamos fácilmente apenas las oímos o leemos. Incluso algunos pensarán que son frases ridículas hechas para vender y abusar de la credulidad de ciertas personas.

El problema es que la mayoría de nosotros, cuando queremos ser motivados, esperamos una gran frase, una gran idea que jamás se nos ha cruzado por la mente, una revelación tal que nuestra vida no será la misma que antes. Esto es un gran error, la sabiduría se esconde debajo de la sencillez (échale un vistazo a los
monjes budistas, por ejemplo). La motivación no se desplegará ante nosotros como un espectáculo, sino que se nos acercará al oído y se materializará en un susurro. Las cosas sencillas pueden ser muy profundas.
Lo primero que quiero que hagas es que te pongas a pensar en las cosas que supuestamente deseas. Después, sigue leyendo.

El deseo es algo que te lleva a la acción. Es un impulso inevitable, una motivación que no se desgasta, un motor que nunca se apaga. El deseo es el que conduce a una persona a perseguir sus metas sin retroceder, sin rendirse, sin pensar en la opinión de los demás. El deseo no es un capricho y no está en aquellas cosas por las que suspiras. Cuando deseas algo, haces todo lo posible por conseguirlo, o mueres intentándolo. Si quieres realmente algo, no piensas en las dificultades, en los tropiezos, no antepones excusas: “no he dormido bien”, “no me siento con ganas”, “no me he alimentado bien esta semana”, “estoy cansado”, “tengo mucho que hacer”, “voy a dejarlo para después”, “hay cosas más importantes en la vida”, “nadie me apoya”, “no tengo dinero”, “no tengo esto o aquello”, “no puedo hacerlo”, “es muy difícil para mí”, “me hace falta esto”, “lo haría si tuviera tal cosa o tal otra”, etc.

Ahora piensa otra vez en las cosas que deseas. ¿De verdad las deseas? ¿Haces todo lo que está en tu poder para conseguirlas? ¿Prefieres divertirte, dormir, comer, descansar, etc., antes que trabajar por eso que deseas? ¿Te importa más la opinión de tus padres, de tu familia, de tus amigos? ¿Te sentirías avergonzado si los demás descubrieran qué es lo que deseas? ¿Te da vergüenza que los demás te vean trabajando por aquello que quieres? ¿Prefieres quedarte en tu zona de comodidad para no arriesgarte a fracasar? ¿Te sientes frustrado cuando los resultados no aparecen tan rápido como esperas? ¿Prefieres refugiarte en la rabia, en la soledad o en las distracciones antes que pensar en lo que te gustaría ser o tener?

Bueno, seguramente ahora deseas realmente muy pocas cosas, ¿no?

Antes que cuestionarte y desanimarte, hay que decir que no necesitas desear algo con todas tus fuerzas para luego intentar conseguirlo. No esperes que toda la motivación y la energía estén disponibles para ti antes de perseguir tus sueños. Eso es algo que va surgiendo durante el camino. Simplemente tienes que dar un paso, por más pequeño que sea; y luego tu mente se programará para el siguiente, y para el siguiente. Si tienes éxito en dar ese primer paso, es una victoria para tu mente; y lo mínimo que obtendrás es que tendrás la energía y las ganas suficientes para dar otro pequeño paso. Si haces algo bueno una vez, tu mente te dice que eres capaz de repetirlo. Así de fácil puedes romper un patrón de fracaso. Simplemente tienes que creer que es posible cambiar, que es posible dar otro paso más. Esta es la segunda parte de la frase, la creencia.

¿Ahora que deseas algo, crees que es posible?

Tú puedes desarrollar hábitos, capacidades, talentos; puedes crecer, puedes pensar de manera diferente, puedes ser alguien mejor (o simplemente distinto), puedes crear nuevos comportamientos que te hagan llegar hasta donde tú quieres. Además, aunque no lo hayas notado, ya tienes muchas herramientas con las que puedes trabajar. Es cierto que eres una persona que tiene dificultades que otros no tienen, pero en esa misma medida, tienes potencialidades que otros no tienen.

Todo comienza a partir de tus creencias. La forma en la que ves el mundo, la forma en que piensas y analizas lo que te pasa. Son las creencias las que configuran la forma en que vives. Si crees que es mejor ganarse el afecto del mayor número de personas posible, jamás harás cosas arriesgadas, nunca podrás hacer algo distinto, inesperado; las personas esperarán que seas el mismo siempre y si dejas de serlo, te condenarán y habrás perdido todo el esfuerzo que invertirte para ser alguien aceptado. Pero si crees que las personas pueden apreciarte sin que tengas que buscar su aprobación, pensarás que ser quien eres es divertido, puedes experimentar, puedes ser quien quieras y cuando quieras, puedes descubrir cosas que jamás habrías descubierto si estuvieras pendiente de lo que pensaban los demás.

Si crees que fracasar es peor que intentar algo nuevo, jamás te sorprenderás por lo que pudiste haber conseguido.

El mundo no está fabricado de antemano, ¡tú no estás fabricado de antemano! Poco importan tus genes, tus experiencias del pasado, tus fracasos previos. Lo único que interesa es cómo veas el mundo ahora y si crees que es posible cambiarlo. Las creencias son las que te hacen ser unas cosas y no otras. Si crees que los deportes son peligrosos, jamás serás un deportista, a pesar de que tengas el cuerpo o el talento de Michael Phelps o de Usaín Bolt. Si Albert Einstein o Thomas Edison hubieran creído que eran unos retrasados mentales (como los diagnosticaron en la escuela), jamás se hubieran puesto a estudiar o hacer inventos. A veces, dejamos que los demás nos digan qué somos y qué no, qué podemos hacer y qué no; y el problema con esto es que tal vez los demás no nos conozcan tan bien como piensan, incluso sin son expertos o si tienen el conocimiento suficiente para juzgarnos.

Piensa en todos los atletas demasiado bajos, demasiado altos, demasiado lentos, demasiado pesados, demasiado delgados o demasiado limitados que se destacan en los diferentes deportes. ¿Por qué se destacan si no parecen estar hechos para ese deporte? Y ahora piensa es los atletas más grandes, fuertes, talentosos, capaces y experimentados que han resultado ser una decepción. ¿Cuál es la diferencia entre ambos grupos? Las creencias que tienen de sí mismos. Deja que todo el mundo dude de ti, pero asegúrate de que jamás dudarás de ti mismo. Al fin y al cabo, todo el mundo puede decirte que eres la persona más inteligente, más talentosa, más prometedora; pero si tú no te lo crees, nunca serás lo que ellos dicen. ¿Así que para qué hacerles caso si al final todo depende de ti?

¿Crees que la persona que inventó el ratón Mickey era creativa? Pues eso no lo creían las personas que echaron a Walt Disney de su empleo de periodista diciéndole que le hacían falta ideas creativas. ¿Crees que solamente si vas a una prestigiosa universidad y dedicas todo tu tiempo a estudiar podrás ser una persona brillante o exitosa, como todo el mundo te hace pensar? Pues dile eso a Einstein, que formuló las teorías que revolucionaron la física moderna en los ratos libres de su trabajo en una oficina de patentes. Dile eso también a Steve Jobs, a Bill Gates y a Mark Zuckerberg (el creador de Facebook) que jamás terminaron la universidad.

El tema de las creencias es uno de los pilares del éxito. La idea siempre es la misma: cree en ti mismo antes que nada o nadie.

Por lo menos ten la astucia de cuestionar tus creencias. Tal vez creas que el mundo ya está definido y que tú ya estás definido, pero detente un poco a considerar todas esas cosas que las personas no creen que puedes hacer, las cosas que tú mismo no crees que puedes hacer, las cosas que todo el mundo cree que nadie puede hacer; y revisa si esto es un hecho, si es verdaramente una realidad o si, por el contrario, es una idea, que como un virus, se ha extendido demasiado.

Toda está en la actitud y en la confianza que tienes en ti mismo. Todo está en lo que pienses. Tal vez te acercas al espejo y sólo puedes ver un cuerpo pequeño, una cara fea o una persona insegura; pero tienes que comprender que esa es una elaboración de tu mente.

Finalmente, no pienses que tus deseos son descabellados. Incluso tus sueños más grandes son posibles, de alguna manera tu mente sabe que son posibles, a pesar de que nadie lo sepa. Inconscientemente sabes que ese gran sueño que tienes es algo posible, que no está fuera del reino de este mundo.

No generes creencias de temor, de angustia, de inferioridad; porque ellas te arrastrarán contigo. El mundo te ofrecerá exactamente aquello que en lo que creas, aquello que desees. Si hasta ahora has fracasado, tal vez te convenga revisar si (1) deseas verdaderamente algo, si (2) tienes las creencias apropiadas o si (3) estás esforzándote de la mejor manera posible.

Si tienes un historial de fracasos sucesivos en tu vida, analiza qué actitudes, creencias o deseos en tu sistema mental te han llevado a eso. Si sigues haciendo las mismas cosas, obtendrás los mismos resultados.

No hay comentarios: